sábado, 20 de agosto de 2011

Despertar III Efecto Lunar, Capitulo 21: Te lo juraré sobre mi tumba.



¡ATENCIÓN! *ANTES DE COMENZAR A LEER EL CAPITULO: Les cuento a todos mis lectores/fans de DESPERTAR que estoy trabajando en una NUEVA SAGA VAMPIRICA, será una trilogía y la titulé "ANOCHECER" su primera parte se llamará MORDISCO DE MEDIANOCHE. 
La trilogía tiene facebook oficial, así que los espero para que se hagan fans aquí: http://www.facebook.com/pages/Trilog%C3%ADa-Anochecer-por-Amanda-Velocet/160894417315743

Y además tiene WEB OFICIAL ( http://www.anochecersaga.tk ) en donde podrán ver la portada del libro, leer la sinopsis y encontrar adelantos de la primera parte de la trilogía. 
Mordisco de Medianoche NO SERÁ PUBLICADO CAPITULO POR CAPITULO como DESPERTAR, sino que una vez que este terminado podrán descargarlo completo en formato E-BOOK, para leerlo entero.
Recuerden hacerse fans de la página y echar un vistazo a la web

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Oh. Por Dios, ese fue el primer pensamiento de Lumi, el segundo era muy obvio, puesto que estaba aterrorizada.

No te acerques a él, le dictaminó una voz interior. ¿Cómo podía cumplir esa mierda? ¡Vivían en la misma casa! Bueno… excusas, excusas…

Ella creía que el hombre más sexy del mundo del que se iba a enamorar por siempre jamás había sido Benicio, sin embargo, algo en el aura de Andrés —y no es que ella fuese una leedora de auras consagrada— la atraía hacia él. Pero vamos, tenía quince años, era una niña que estaba convirtiéndose en mujer lobo, y la estupidez —o al menos una parte de ella— se estaba borrando poco a poco.
No se permitiría ni siquiera una sola vez más en su vida volver a enamorarse, mucho menos de un ser sobrenatural, a pesar que ella fuese uno.
Con las grandes obligaciones vienen grandes responsabilidades también, o una de esas mierdas recordó que le dijo Ian. No podía dar ni un paso en falso.

Pues que se vaya al demonio, ese hombre le pareció sexy hasta que se puso en plan de yo-lo-se-todo y el famoso ahora-harás-lo-que-yo-diga. Cassie le caía mejor. Sin dudas, la pelirroja hermana de Ian, era con la primera mujer que simpatizaba además de Galadriel. Y una de las pocas que le mostraba respeto, teniendo en cuenta que, al parecer, nadie lo hacía porque ella era demasiado pequeña para exigir idioteces, palabras de Dante, no suyas.

Se avecinaban cambios. Muchos. Y no podía darse el lujo de verse involucrada en amores locos, a pesar que tenía más ganas de que la mimen y la cobijaran en su cama, mientras tenía una loca maratón de Los Padrinos Mágicos en la TV, en lugar de tener que ir a entrenar con Ian.
Porque eso le había dicho el hombre «entrenar»
Lumi no era demasiado devota a la gimnasia, ni a la actividad física.
¿No se supone que ya era una mujer lobo o algo así? ¿Era necesario tener que, además, ponerse en forma? ¡Oh joder! La vida en serio que era una verdadera mierda.
La única verdad, era que no estaba asustada, bueno… ni un poco, realmente. Todos sus miedos se disiparon, mostrándole como había otras cosas a las que temía más.

Andrés, por ejemplo.

Es como cuando uno tiene un estúpido accidente y se corta sin querer un dedo, seguramente cuando tengas que cocinar te joderá con el ardor, pero no sabes que hay dolores peores. Justo cuando decías que nada podría doler más,  resulta que luego te quiebras un brazo. Ahí entiendes que te la pasaste jodiendo por babosadas con tu dedito herido, y la peor parte ni siquiera empezaba sino hasta que te descubres con la mano enyesada.
¿Lo bueno de todo eso? Las firmas en tu yeso. Lo malo era que, estaba rodeada de adultos, a nadie le importaría firmar esa mierda si Lumi algún día se quebraba.

Se sentía tan sola… tan incomprendida… por eso quería ir a la casa de Ian, no por él ni por el estúpido entrenamiento, sino por Cassie. Seguramente con ella podría hablar, o al menos pasar el tiempo, la mujer había sido muy agradable mientras ella estuvo allí, y sin dudas, la hizo sentir útil.
Galadriel podría ayudarla también, pero era distinto… ella era la mejor amiga de Amanda, y Lumi necesitaba la suya.
Jamás tuvo amigos… jamás interactuó con nadie, de hecho, hasta que conoció a Dante y él se ocupó de que no muera abandonada.
Lo más triste de todo, era que cuanto más pasaba el tiempo, menos se acordaba de la cara de sus padres o sus hermanas. A decir verdad, ni siquiera recordaba sus nombres.
No era buena cosa revolver el pasado, y ella no lo haría. Hubiese querido hablarlo con Dante, pero a veces era demasiado tarde para algunas cosas. Amaba al Ángel, ahora que pensaba un poco y levantaba la vista para ver como el bastardo seguía buscándole el fondo a la tarta dulce de Gala, se decía por sus adentros que sí recordaba el nombre de su padre… ese nombre sería Dante. Él cumplió ese rol, a él le debía casi todo lo que era, a pesar de ser bastante cretino.

Estaba viviendo en una casa llena de paranormales, vampiros, vampiros muertos que regresan de la muerte —muy sexys, jamás lo hubiese creído— y ahora, para completar el circo, una mujer lobo. Lo único que esperaba era no tener que gastar mucho dinero en cera para depilarse. Odiaría ser una peluda de por vida.
Lumi estuvo apenas unos diez minutos con Benicio antes que Andrés hiciera su aparición estelar, no tuvieron tiempo de charlar sobre nada, pero algo le hizo saber que la actitud del vampiro había cambiado. ¿Sería compasión? No dudaba que ahora todos sentirían lastima por ella. La niña no quería despertar ese sentimiento en el resto, ser una mini-mujer-loba molaba, molaba demasiado. No ser una simple humana mortal era lo que más le excitaba. Ahora estaba a su altura… o tal vez no tanto, en fin, pero estaban en igualdad de condiciones.
Retomando la línea de pensamientos sobre Benicio, nadie le sacaba de la cabeza que al hombre le había pasado algo, en serio. Se mostró de lo más cordial y de buen humor sentándose en la encimera de la cocina, saludando a todo el mundo presente, incluso hasta bromeó con Dante —no era raro puesto que esos dos parecían más pareja que otra cosa estos últimos tiempos—. ¡Y desayunó una gran bolsa de sangre empaquetada! ¡Delante de todos!  No sólo eso, sino que, cuando Lumi se le acercó, el vampiro no temió ante su cercanía ni puso cara de desconcierto o dolor de estomago… utilizó uno de sus largos y masculinos dedos para enrollar un mechón de pelo de la pequeña ¡Y le sonrió!
Lumi entendía que su etapa de enamoramiento con Benicio había pasado, lo comprendía más que nadie. Todo eso había sido un completo error. El hombre estaba enamorado de Amanda, no cabían dudas, mucho menos después de todo el terrible desastre de aquel beso en She-Wolf, el bar de Cassie. Lo único que esperaba después de eso, era que Amy lo perdone algún día, o que su relación de buenos resultados… aunque eso la haga poner un poquito celosa, porque, al fin de cuentas, a pesar de su comportamiento pseudo adulto que pretendía tener, no quería decir que todavía no sienta nada por él. Sólo que, esta vez, muy distinto al amor. Era más bien un instinto de protección.
Lumi se sentía con muchas ganas de proteger con uñas y dientes a todas las personas con las que vivía.
A su nueva familia.

Bueno… eso después de ir a comprar dulces a la tienda ¿verdad? Hay cosas que nunca cambian, pensaba mientras sonreía.

—Le patearé el culo a esos imbéciles —escuchó que decía Andrés. Todavía estaban todos en la cocina, sentados, desayunando.
En realidad, desayunar-desayunar lo estaba haciendo ella, Gala le había preparado un pastel de manzanas, que alguna vez quiso ser pastel, en realidad, puesto que se había quemado un poco, y una rica y calentita chocolatada con tres cucharadas de azúcar como a ella le gustaba. Dante la acompañaba comiendo todo lo que la rubia Galadriel servía en la mesa, como si hiciera años que no se alimentara. La vampiresa y Andrés estaban tomando… Jesús, le era raro pensarlo, estaban tomando sangre. Aunque ¡Era tan normal para Lumi todo aquello! Que ella se sentía fuera de lugar comiendo.

—Tiene que haber una explicación —comentó Gala.
Lumi era una fiel espectadora.
—Sí, la encontrarás cuando les arranque el corazón y me lo coma delante de ellos —rezongaba— idiotas insensibles —bufó, hablando de Ian y Cassie en cuanto Gala lo puso al corriente. Dante levantó la cabeza, sorprendido. Andrés se dio cuenta al instante por lo cual le dijo — ¿y tu qué, fenómeno? —Al terminar con la acotación, miró hacia su taza llena de sangre, sonrió un poco y bebió.
— ¿Fenómeno? —Preguntó el Ángel, de manera teatral— ¿yo? Oh por favor, vamos, ¿hablas de insensibilidad? Te patearé el culo yo mismo, cretino, y no creas que me he olvidado el pequeño detalle de Amanda. Me cobraré esa, de algún modo, no lo dudes.
—Ya caducó —le advirtió con una mirada filosa. Lumi no hizo más que derretirse, demonios no podía ser tan sexy— caducó. Terminó. Venció. He pagado por esa mierda, así que… búscate otro motivo para estar cerca de mi hermoso trasero —le guiñó el ojo.
— ¿Sabes? Puedo recomendarte alguien a quién le interesarán ese tipo de cosas, ya sabes, aquí el maricón suele ser Benicio así que tal vez hasta pueda…
— ¡Dante! —Le gritó Galadriel para interrumpirlo.
— ¡Galadriel! —Respondió el Ángel Caído, nuevamente de forma teatral.
—Cierra el pico con tus obscenidades delante de Ludmila.
—Oh ya —intervino Lumi a su favor— ¿qué puedo decirte? Me las se de memoria. Ahora viene la parte en que acusa de homosexual a Benicio —decía sin mostrar sentimientos en la voz, como si lo supiera de memoria— harán un pin-pon de entredichos ácidos el uno con el otro —refiriéndose a Andrés—, Dante seguirá comiendo y en un momento dado, dirá algo verdaderamente obsceno que le dará pie para levantarse de la mesa e irse, pensando que tuvo la última y mejor palabra, cuando no sabe que, en realidad, aquí la vida sigue y como tal, hasta diremos alguna que otra cosa que lo dejará mal parado —finalizó lanzándole una sonrisa amistosa a Dante. Luego le sacó la lengua y siguió bebiendo de su chocolatada.
Dante se calló un momento, al parecer, estaría procesando lo que Lumi había dicho, a juzgar por la cara de idiota que ponía. Gala contuvo una risa, y la pequeña Lumi se incomodó un poco cuando vio la cara de Andrés.

Indescifrable.

— ¿Sabes una cosa, pequeña bastarda? —Decía Dante con los ojos entrecerrados, cruzado de brazos— ahora tendrás que salir tú misma por los dulces.
— ¡Te has metido en mi mente! —Le gruñó, puesto que era lo que había estado pensando anteriormente— ¡Dijiste que no hacías eso porque repudiabas tu nuevo yo de Ángel Caído! —Se levantó para enfrentarse a él, que ni se inmutaba ante la reacción de la pequeña.
—Oh, querida Ludmila… ¡A veces lo hago, a veces lo hago! —al parecer, se había levantado muy teatral, porque hablaba como si estuviese en una mismísima obra de Shakespeare, solo que mucho muy vulgar— ¡Y no sabes como te están esperando en el Infierno, pequeña descarriada!
— ¡Prometiste que no lo harías! —Escupió— ¡Eres un mentiroso! —Se abalanzó sobre el hombre para pegarle de a diminutos puñetazos, él se sorprendió riendo, y atrapaba las manos de Lumi con rapidez.
Andrés se levantó de la silla, dispuesto a separarlos, o hacer volar a Dante por los aires si se atrevía a tocarla.
—Ven aquí, corazoncito, ¡Dante quiere un beso! Ñam-ñam —Se burlaba Dante, tirando besos al aire, y dándole alguno que otro sobre la mejilla a pesar que ella trataba de zafarse del agarre.

Oh, como la hacía enojar… pero lo quería tanto. Eso no hizo pasar por alto como Andrés se acercaba a su lado como si estuviese a punto de matar a Dante.

Que. Extraño.

*

Cuando lo vio ingresar por la puerta de su habitación, el corazón le dio un vuelco. ¿Hacía cuanto tiempo que no se permitía ser feliz? Demasiado. A veces olvidaba con facilidad los recuerdos felices.
La mayoría los tenía con Dante, pero eso era cosa del pasado. Era complicado cruzarse al ex de su otra vida todo el tiempo y evitar sonrojarse. ¡Había tenido relaciones sexuales con él! Y ahora, en esta vida, en este lugar, era una simple virgen. ¿Podía ser cierto, o su cuerpo se conservaba igual?

—Estas vestida —indicó Benicio con una mirada maliciosa y decepcionada.
—Me ofendes —bromeó— ¿resulta que sólo te intereso desnuda y en posición horizontal?
—Resulta que me interesas en absolutamente todas las posiciones que quieras ponerte —decía con la ceja arqueada y una fuerte mirada sexual. Su voz, de buenas a primeras, pasó a ser un hilo ronco que denotaba necesidad.
De un solo tipo, para empezar.
—Oh, vaya, vaya —susurraba Amy caminando alrededor del vampiro con una mirada inquisidora y sorprendida— ¡mira que juguetón resultaste ser!
—No tientes al demonio, amor mío —dijo después de tragar saliva.
—Claro que no lo haré —afirmó— por el momento.

Y desapareció de la habitación.
Para Amanda era mucho, necesitaba un tiempo a solas. Si seguía allí a su lado, probablemente las cosas se descontrolaran. Su pecho estaba agitado como si hubiese corrido una maratón.
Demonios que lo amaba, las mariposas en la panza la aprisionaron, haciendo que quede del lado de adentro de su habitación. Todo se tornaba vacío cuando se alejaba de Benicio.

*

—Pues resulta que soy tú única opción para hablar —le decía Gala a Dante, con la total satisfacción de que era cierto—, así que vamos, no te hagas el duro conmigo.
Dante levantó la vista, entrecerró sus ojos y estuvo dispuesto a lanzar una maldición, o ser creativamente grosero, como solía serlo.
—De acuerdo, tú ganas.
— ¿Qué haremos con Lumi?
El Ángel vaciló, entrecerró sus puños y se acomodó en el borde de la terraza.
Se habían dirigido allí para tener la privacidad de una charla amena, aprovechando que Andrés estaba encerrado en la habitación gruñendo por no poder salir a la luz del sol, Lumi en el living, escuchando música y bailando como enajenada, sola. Benicio descansando, al igual que Amanda y Benjamín.
Todo era tan extraño sin guerras de por medio, que casi asustaba.
—No lo se —admitió con impotencia— ella quiere irse a entrenar con Ian. Lo cual me parece una total estupidez. ¿Entrenarse para qué? Jamás la dejaré luchar, jamás la dejaré ir de caza —apretó su mandíbula— si me preguntas, forzaría el hecho para que jamás tenga que cambiar.
—Eso sería negligencia —apuntó la rubia— no puedes cambiar lo que la naturaleza te da. Si ella va a cambiar a su fase lobuna, tendría que estar preparada, y tú no puedes ofrecerle contención alguna. Nos matará a todos si no sabe controlarse.
—Preferiría estar muerto antes que verla sufrir.
Vaya, eso sorprendía a Galadriel, el hombre no era un ermitaño cerrado como lo podía ser Benicio, pero tampoco era el rey de las demostraciones aunque sabían cuanto amaba a la pequeña.
—Creo que ya sabes cual fue el tratado entre vampiros y hombres lobo en el pasado —susurró, mientras apoyaba una de sus fuertes y livianas manos en el brazo de Dante, muestra de su amigable comprensión.

Claro que el muchacho lo sabía. A diferencia de los mitos y las películas absurdas que cuentan como las dos especies eran enemigas por naturaleza, la realidad contaba otra cosa. Los lobos cuidaban de los vampiros cuando en la antigüedad ellos no podían salir a la luz del sol, y los vampiros hacían lo mismo por ellos en las noches de luna llena, cuando alguno de los lobos que pasaban por las primeras transiciones no podían controlar el cambio, y necesitaban protección. Mismo no hacía falta el plenilunio para cambiar, puesto que se encontraban tan vulnerables, que ante cualquier subida de temperatura causada por un simple enojo los hacía entrar en fase, hasta que aprendían a controlarse.
Esa época de esplendor se encontró manchada con la desgracia que acarrearon algunos hechiceros en el bando del mal. Habían creado joyas con conjuros que les permitía a los vampiros poder salir a la luz del día, demostrándole al resto de las especies sobrenaturales que no necesitaban de ellas para nada, creando un desenlace fatal: los chupadores de sangre se independizaron, y les reclinaron la ayuda a los lobos, haciendo que de eso salga no más que un cruel enfrentamiento.
Los hechiceros se diferenciaban de los brujos. Aunque en un principio nacieron siendo lo mismo, brujos. Así como todas las especies sobrenaturales pueden ser buenas o malas, los brujos también, y ante la maldad, los poderes de nacimiento con los que estos nacían se volvían en su contra, convirtiéndolos en simples hechiceros.
Simples… bueno, la brujería esta apuntada a salvar la especie, mientras que la hechicería es la deformación de la misma, cuando se pasan al equipo contrario dispuesto a generar las peores guerras más sangrientas.

— ¿Todavía estas en el planeta Tierra, Dante?
—Nunca he estado mejor parado —murmuró.
—Me alegra saberlo —Gala le sonrió.
—Dejaré ir a Lumi con Ian. Sólo para su entrenamiento, luego ella volverá. Su lugar es junto a mí.
—Lo se, y eso jamás cambiará.
—Maldición… Gala, si algo llegara a pasarle… yo juro que… —decía, conteniendo las lágrimas.
—Ya —interrumpió con la voz suave— no le pasará nada. No seamos negativos. Ella tendrá una vida normal después que pueda controlar su condición.
—Gracias.

En esa oportunidad, Dante no podía acotar más nada. Ni siquiera una absurda broma.

—Dante —se apresuró Benjamín a su lado.
— ¿Qué haces despierto, cariño? —Quiso saber la mujer. Él le devolvió una mirada tensa.
—Llamó Ian —avisó— no quiso que le pase con nadie. Quiere que todos vayamos a su casa, para arreglar la estadía de Lumi.
El Ángel soltó una maldición.
—Iré yo —dijo Dante, poniéndose en marcha. Benjamín lo tomó por el hombro.
—Creo que no has entendido. Se refiere a todos.
—No creo que le cause mucha gracia recibir a Andrés también —torció el gesto.
—Demonios, no. Por eso mismo, ¿qué haremos con él? Si se entera que esta vivo… Ian no quiere que vaya Lumi, la reunión será privada.
—Y un carajo que lo será —gruñó con desaprobación— no dejaré a Ludmila en la casa con un depredador —refiriéndose a Andrés.
—Dante… —intervino Galadriel— Dante, él no le hará daño. Puedo poner las manos en el fuego por eso.
—Y te quemarías como en una jodida hoguera, rubia —espetó gutural.
Benjamín permanecía callado.
—Su sed esta aplacada por la sangre de Amy ¿recuerdas?
Como no hacerlo… si le preguntaban a el, jamás hubiese intentado traer a la vida a Andrés nuevamente, así le jurasen que sería una maldita Mery Poppins.
—Yo mismo me encargaré de ese hijo de puta.

Finalizó, descendiendo a la planta baja.
Habría una reunión general. Ahora mismo.


*


Andrés no estaba para reuniones de ningún tipo. No había podido pegar un ojo en toda la mañana y su sufrimiento se extendía por la tarde.
¿Qué mierda significaba no poder exponerse al sol? Encontraba una única opción y significaba hacer correr sangre. Si encontraba a la jodida bruja que lo había traído, le haría escupir los ovarios por la boca hasta que le cuente por qué no podía salir a la luz del día.
Las brujas no se destacaban por ser maliciosas, pero a veces, un favor de ellas se traducía a un sacrificio tuyo, y tal vez de eso se trataba. Ahora estaba vivo, pero no podía exponerse a la vida diurna.

Genial. La mataría, en serio que lo haría.

Bajó las escaleras a paso lento, mirando a cada uno de los reunidos en la sala con seriedad. Sabía a la perfección que no era bien recibido allí, al menos si le preguntaban a Benicio o a Dante.
Que los jodan, pensó con una sonrisa maliciosa aflorando de sus labios.
Cuando su pie descendió el último escalón, no lo supo, pero pudo sentir el fuerte y repiqueteante latido del corazón de una persona. Agudizó sus oídos.

Lumi.
Su corazón latía con fuerza… era una mujer lobo.
Al mismo tiempo, su pecho se enardeció, como si parte del calor que la pequeña desprendía se colara por su carne. Un extraño deseo de posesión, otra vez. Como si la pequeña ya le perteneciera de algún modo.
La miró directo a los ojos, sin importarle que otras cinco personas lo estuviesen observando. Ludmila bajó la vista y sus mejillas se tornaron en un rojo profundo.

Me tiene miedo, gruñó su fuero interno.
Él no quería que la muchacha le tuviese miedo.
De. Ninguna. Jodida. Manera.

— ¿Qué es lo que tanto me miran? —Preguntó enfadado, cuando se dio cuenta que todos esperaban que dijera algo— ¿Les gusto o qué?
Antes que su cuerpo se vuelva una roca, Amanda se acercó a él y lo rodeó con los brazos. Bien fuerte.
Mierda, eso lo había tomado por sorpresa, y joder que lo disfrutó, pero mucho más cuando sintió el quejido de odio por parte de Benicio al otro lado de la sala.
—Me alegra que estés aquí —ronroneó ella, sobre su pecho— y que te comportes como un gatito adiestrado —le guiñó el ojo.
Y mira tú por donde que, si cualquier otro le hubiese insinuado eso a Andrés, él podría haberle mandado la columna vertebral en pequeñas dosis sangrientas por la boca, sin embargo, se trataba de Amy, y a pesar que un vinculo de amor se había roto entre ellos, comprendiendo que lo que les había pasado se trataba de un espejismo que nunca tendría que haber sucedido, no podía evitar sentir una conexión especial con ella. Por más raro que suene todo.
Andrés la dejó reposar un poco más sobre su pecho, y con su mano alzó el mentón de Amanda, para atraer su mirada a la suya.
—Tomo eso como un elogio —le guiñó el ojo—pero la próxima vez tendré que matarte.
Escuchó como Benicio volvía a gruñir. Los dos lo ignoraron.
—Nah —aseguró Amy— si he sobrevivido a ti hasta ahora, no veo posibilidades de que cambies de opinión —lo codeó, beso su mejilla y se apartó, junto a la multitud que lo seguía mirando.
Él frunció el ceño, y fue Dante quien dio un paso al frente para hablar.
—No me digas que tú también quieres que te reciba en mis brazos —ironizó Andrés con una mirada maliciosa.
—Prefiero hacerme joder por un buey, chupasangre.
—En tamaño vamos iguales, digo, por el buey.
Dante ignoró el intento de broma.
—Vayan a la camioneta de Benjamín —les ordenó.
Andrés alzó una de sus cejas mostrándose interesado. Veía como todos se iban por la puerta. Amanda le dedicó una sonrisa forzada que decía «todo estará bien» su hermano Benjamín le dedicó una mirada seria. No reparó en Galadriel, y pudo notar como Benicio le decía algo al oído a Lumi —cosa que lo hizo estallar de absurdos celos— y se fue por la puerta.

En todo caso ¿por qué Lumi permanecía allí sentada?
Oh, claro, le preocuparía la seguridad de Dante. Todos temían cuando dejaban a Andrés sólo con otra persona, puesto que lo más probable era encontrar a la victima descuartizada sin una gota de sangre.

—Tienes que prometerme una cosa, chupasangre —empezó Dante con el rostro serio.
— ¿Y eso por qué? No te debo nada —Andrés se cruzó de brazos y miró hacia el costado, como si no le interesara lo que el Ángel tenía para decirle— no haré nada por ti. Olvídalo, no soy un hombre de promesas.
—Entonces tendré que acabar contigo, porque no pienso arriesgarme a dejar a Lumi aquí para que la mates como a un animal.
Los ojos del vampiro se ensancharon. ¿Dejarla a Lumi allí? ¿Qué demonios?
Andrés se puso tenso y frunció la nariz. Olía el miedo proveniente de… no, joder, no era el miedo de Dante. Era el miedo de Lumi, que se encontraba sentada, firme como una estatua, y pálida, sobre el sillón a un costado.
Todas las articulaciones nerviosas de Andrés se tensaron, ella estaba así por su culpa. Porque era un maldito loco maniático, asesino, sin corazón.
— ¿Qué es lo que tengo que jurarte? —Más que una pregunta fue un alarido.
—Que te mantendrás lejos de ella hasta que volvamos. Tenemos que hacer algo muy importante, cabrón. Y por si no lo sabes, esto es parte de cubrir tu trasero.
—No necesito que nadie me defienda —contestó indignado.
— ¿Ah no? porque, por si no lo sabes aún, hay un par de personas dispuestas a desfibrar tu blanco culo hasta dejarlo sin vida. Y esta vez para siempre.
— ¿Qué…? —Preguntó, fuera de sí.
No era raro que lo busquen para matarlo, hace doscientos años que se había empezado a hacer de esa clientela que lo perseguía para arrancarle las entrañas, solo que él siempre era lo suficientemente rápido para matarlos o escapar dejándolos jodidos.
—Tendremos tiempo para hablar de eso más tarde —se apresuró— tienes que jurar que no le tocaras un pelo a Ludmila. Hazlo. Ya.
Andrés titubeó y miró a los ojos de la pequeña, que seguía ruborizada. Algo le decía que le estaba costando permanecer callada, que era más bien un instinto de supervivencia que afloraba en la piel de cualquier persona cuando tenían cerca al menor de los Casablanca.

Y que lo condenen a morir colgado, como en las viejas épocas, porque al observar aquel pequeño rostro aniñado, no pudo jurarse para sí otra cosa que no fuese protegerla y mantenerla a salvo. Aún cuando desconocía la razón de ese sentimiento.

— ¿Qué me dices, Casablanca? —Exigió saber Dante.
Esta vez, el vampiro ni siquiera vaciló.
—No lo prometo —dijo cortante— sino que, lo juro. Nada le pasará. No le haré nada, y ni siquiera alguien se atreverá a tocarla. Nunca, Dante. Nunca. 


 **ATENCIÓN**
lo que más espero luego de cada capitulo, son sus comentarios, para poder debatir con ustedes lo que piensan, las conclusiones que sacan y lo que opinan respecto a cada personaje. Es por eso que les pido, si van a hacer algun comentario, haganlo ÚNICAMENTE en la página OFICIAL Y PUBLICA DE DESPERTAR, que es la siguiente: http://www.facebook.com/DespertarAmandaVelocet 
*NO LA HAGAN LOS COMENTARIOS EN EL MURO DEL GRUPO PRIVADO* porque a cada comentario,a los otros fans les llega una notificación, y así muchas veces ven SPOILERS. Por eso, comenten en el grupo publico y oficial ( http://www.facebook.com/DespertarAmandaVelocet )
ahí sí pueden dejar sus comentarios publicando en el muro, porque los lectores saben que si no quieren spoiler no deben leer lo que otros ponen, y los que estén al día pueden debatir junto a ustedes.

¡Espero que hay disfrutado de este capitulo, que sin duda es muy revelador en muchos aspectos! y espero ansiosa sus comentarios y conclusiones en el muro de DESPERTAR!

Ya saben... favor de cuidar sus cuelos y ¡mordiscos de amor! ;)

3 comentarios:

  1. OMG!!!!!!!! ESTO CADA VEZ SE PONE MAS BUENOOOOOO

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  2. Me gusta mucho tu blog, y como sé la de sonrisas que hace un nuevo seguidor, desde hoy te sigo.
    Yo también tengo un blog y me haría ilusión que tú también me siguieras.
    Es este:
    http://paraalimentarmedetisolonecesitotuaire.blogspot.com/
    Te espero, pasate, me harías feliz como yo te e echo a ti.
    Un besazo, y te esperoo!

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  3. Haaaa me morire si el proximo capitulo se demora mucho; enserio!!
    Amenazo con suicidarme!!

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